La Integración, la cultura organizativa y el servicio pueden germinar a largo plazo

Hay una frase manida que estaréis cansados hasta la saciedad de leer y escuchar en diferentes foros, normas, marcos de referencia y buenas prácticas: “la TI debe alinearse, integrarse y satisfacer las necesidades del negocio”.  No hace mucho de aquello, un compañero de profesión me comentó la siguiente historia que puede hacernos ver la luz a la problemática que plantea dicha afirmación con una conclusión que espero que sea necesaria y suficiente para promover alternativas y soluciones permanentes.

 

La historia comienza indicando que un aprendiz – que representa la TI – paseaba por el jardín con su maestro – que representa al Negocio. Ese aprendiz estaba harto de que su maestro siempre tuviese razón y fuese superior a él. Así que, decidió retarlo.

 

El aprendiz se acercó a una jaula y, cogió un jilguero – que representa la situación actual y futura de cualquier empresa en su mercado - y lo colocó entre sus manos, a su espalda, mientras preguntaba a su maestro.

 

Maestro ¿Sabrías decirme sí el pájaro que tengo a mi espalda está vivo o muerto? El maestro, inmediatamente sospechó que era una argucia de su discípulo. 

 

Sí decía, que el pájaro estaba vivo, sólo tendría que retorcerle el cuello antes de mostrarlo. Por el contrario, sí decía que el pájaro estaba muerto bastaría con abrir las manos y dejarlo volar.

 

Por lo que, el maestro – el negocio – tras una breve reflexión, se dirigió al discípulo – la TI - y le dijo: “Joven, la solución, está en tus manos”.

 

La conclusión de la historia me plantea dos preguntas fundamentales:

 

  • ¿Es posible que la solución de todos nuestros problemas en gestión de servicios, proyectos y gobierno de TI esté verdaderamente en nuestras manos?
  • ¿Es posible que la solución sobre la situación actual y futura de cualquier empresa y la de sus miembros siempre estará en nuestras manos?

 

Ya que al principio hablaba de marcos de referencia y buenas prácticas. Sería factible establecer y definir una posible estrategia sobre un modelo de gobierno en el que estuviera inmersa la cultura y por ende los resultados que se esperan de la misma se viesen evidenciados en la forma que prestamos nuestros servicios y llevamos a cabo nuestros proyectos.

 

Permitirme que sea un osado y plantee una posible enunciación de dicho modelo. Que os parecería que el modelo de gobierno pretenda establecer una excelencia operacional organizativa extremo a extremo y a largo plazo, en la gestión de proyectos y en la prestación de servicios. Creando una cultura con una base y un plan establecido. Y que ésta, provoque e inicie un flujo ascendente, continuo, de aprendizaje y de mejora, en todas partes, por todos sus miembros y cada día a través del proceso y actividades Kaizen (SDCA y PDCA) evidenciando todo ello, con resultados.

 

Y que dicha cultura organizativa del modelo fuere el catalizador de proporcionar a cada miembro de la organización – independiente de su rol y responsabilidad – una transformación en su modo de hacer, sustentada en realizar cada actividad con una orientación clara al cliente, al servicio, a procesos y a los resultados que todos esperamos.

¿Utopía? ¿idealismo? ¿teoría? ¿sentido común?. Seguro que habrá opiniones y muy respetables para todos los gustos. Pero, a mi me provoca un posible reto o desafío del status quo a largo plazo. Ya que más que una opinión, por qué como al principio no contamos otra historia y de la misma podamos sacar de nuevo conclusiones al respecto.

 

Puede que alguno que lean esto la hayan ya leído o escuchado. Hablemos del bambú japonés y de su sorprendente forma de germinar. Planta que por particular devenir nos puede alimentar grandes lecciones aprendidas. El bambú al igual que cualquier planta le es necesario un entorno, una siembra normal y un cuidado diario que no sale de la generalidad.

 

La casuística que verdaderamente impacta es que durante siete largos años el bambú no germina. Por lo que parecería que fuera totalmente infértil y no diera los resultados apetecidos aún cuando se la riegue y se la mime a diario. Pero llegado el séptimo año, en cuestión de seis meses, el bambú puede alcanzar la altura alrededor de unos 30 metros de altura. La primera vez que escuché dicha historia me quedé bastante sorprendido.

 

¿Por qué tarda siete años en germinar? La razón es que durante ese periodo el bambú establece un entramado a largo plazo de sus raíces. Podríamos decir que crece primeramente hacia el interior – como un gran cimiento – para que pueda a partir del séptimo año, mantener de forma firme la altura que llegue a medir la planta en base a los cuidados prestados.

 

Así que, si tomamos nota de la paciencia que hay que disponer y el cuidado diario que debe realizarse. Por analogía podría establecerse que una cultura organizativa o de servicio, necesita de unos cimientos, principios, valores, métodos y proceder que deben definirse. Podríamos llamar el ¿por qué hacemos lo que hacemos?. No sería más que una creencia.

 

Pero, sí a dicha creencia establecemos el cómo vamos a hacer lo que decimos que hacemos. Estaremos poniendo en liza un método estándar de hacer las cosas. Que vendrá referenciado y evidenciado en lo qué hacemos. Ese en lo que hacemos, son los resultados que nos balancearán y nos demostrarán si nuestra creencia inicial como idea la hemos hecho o no realidad y hasta qué nivel de detalle.

 

Por tanto, cualquier idea hasta que no se intente llevar a la realidad siempre quedará como una simple y llana idea. Así que podremos concluir que la integración, la cultura organizativa y el servicio pueden germinar a largo plazo.

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